La autoestima no es un rasgo fijo que se tiene o no se tiene: es una relación, la que mantenemos con nosotras mismas o nosotros mismos, y como toda relación, se construye con el tiempo, con las experiencias vividas y, sobre todo, con la manera en que aprendimos a hablarnos.
¿De dónde viene la voz crítica?
Muchas personas llegan a consulta describiendo una voz interna muy exigente, que juzga cada error y minimiza cada logro. Esa voz no aparece de la nada: suele ser el eco de mensajes que recibimos en la infancia, de comparaciones, de entornos donde el cariño se sintió condicionado a "hacerlo bien", o de experiencias donde no nos sentimos suficientemente vistas o vistos. Entender su origen no es buscar culpables, sino comprender por qué esa voz se instaló y por qué hoy nos cuesta tanto acallarla.
La autoestima no se "sube" de la noche a la mañana
Es habitual encontrar frases o ejercicios que prometen mejorar la autoestima en poco tiempo. La realidad es más honesta: se trata de un proceso, no de un interruptor. Implica ir revisando, poco a poco, las creencias que tenemos sobre nuestro propio valor y practicar, con paciencia, una forma distinta de tratarnos.
Algunas ideas para empezar
- Observa cómo te hablas. Antes de cambiar el diálogo interno, hace falta notarlo. ¿Te dirías a ti misma o a ti mismo lo que le dices a un amigo?
- Diferencia hechos de interpretaciones. Cometer un error no equivale a "ser un desastre"; son dos cosas distintas que solemos fundir en una sola idea.
- Permítete no ser perfecta o perfecto. Muchas veces la baja autoestima está unida a una exigencia desmedida hacia una misma.
- Rodéate de vínculos que sumen. Las relaciones en las que te sientes valorada o valorado también influyen en cómo te valoras a ti misma o a ti mismo.
Cuando la autoestima afecta a otras áreas
La forma en que nos vemos influye en las decisiones que tomamos: en el trabajo, en las relaciones, en cómo ponemos (o no) límites. Por eso trabajar la autoestima muchas veces implica también revisar patrones de dependencia emocional, dificultad para decir que no, o relaciones donde no nos sentimos respetadas o respetados.
Un acompañamiento, no una fórmula
No existe una técnica única ni un plazo fijo para reconstruir la relación contigo. Cada historia parte de un lugar distinto. En consulta, este trabajo se hace despacio, entendiendo primero de dónde viene esa autoexigencia y construyendo, con el tiempo, una mirada más amable hacia una misma o uno mismo.
Si te reconoces en esa voz crítica y sientes que te gustaría empezar a cambiarla, no hace falta esperar a "tocar fondo" para pedir acompañamiento.